Los primeros intentos de emparejamiento digital basados en la personalidad surgieron a finales de los años 2000, cuando los investigadores comenzaron a aplicar el MBTI y el eneagrama a bases de datos de usuarios. Estas pruebas buscaban ir más allá de la apariencia, proponiendo compatibilidad basada en rasgos cognitivos y emocionales, aunque su adopción inicial fue limitada en el mercado.
Boo se lanzó en 2020 con la promesa de unir a usuarios mediante 16 tipos de personalidad, signos zodiacales y eneagrama, evitando la cultura del swipe. Su rápida expansión en Europa y América Latina reveló una curiosidad colectiva por descubrir intenciones ocultas: la búsqueda de afinidad profunda, la validación social y la experimentación de roles emocionales en la actualidad global.